Acción ¿reacción?
Podía sentir la tormenta de palabras que se avecinaba, incapaz de ordenarlas para que el discurso adoptase una forma coherente o, al menos, comprensible. Se que las ideas eran claras, pero era necesario reposarlas, pues la sensatez hace tiempo que no es bienvenida.
La base de toda esa amalgama sin sentido, de esos hielos derretidos o los quizás, los mañanas y los olvidos, era la evidencia de que todo lo que nos rodea, incluso aquello que rechazamos, ha sido atraído por nosotros en algún momento. La distancia que existe entre dos puntos, digamos noche y día, digamos x e y, digamos tu y yo, es inversamente proporcional a la atracción entre ambos.
Unos lo llaman ley de la atracción, sin embargo, a mi me gusta pensar que es algo más parecido al principio de acción reacción, lo que significa que todas las cosas que hacemos tienen unas consecuencias que puede que hasta nosotros mismos seamos incapaces de asumir. - ¿Eres tu causa o efecto de mi insomnio?-¿Tenemos porque queremos o queremos porque tenemos?
La experiencia me dice que nos vamos a equivocar muchas más veces de las que deberíamos en cuanto a qué y a quién atraer hacia nuestro campo de acción y, puesto que me atrevería a decir que nuestra naturaleza está diseñada para percibir el peligro a una distancia considerable, sería falso siquiera pensar que no sabemos a qué nos exponemos cuando vemos al enemigo acercarse o, peor aún, cuando le abrimos la puerta de nuestra casa.
No existen advertencias que puedan frenar una descarga emocional tan intensa como la que provoca la imaginación haciendo de las suyas. Los carteles de ''Prohibido el paso'' son sin duda el aliciente necesario para seguir jugando con las brasas, ejerciendo la voluntad débil de la raza humana. Y es que al final es a eso a lo que hemos venido, a jugar.
Esos instantes en los que se negocian besos y contratos, donde las promesas se venden al por mayor, son lo más parecido a lo que hasta el momento, y falsamente, entendemos por felicidad. Nada de lo que digan o hagan aquellos que nos rodean (que sin duda saben que la ciclogénesis explosiva no es sólo un término aplicable a la meteorología) podría hacernos cambiar de opinión. Y lo que sí se con seguridad es que las oportunidades marcan nuestra vida, incluso las que dejamos pasar. Porque entre medias de ese caos que nosotros mismos hemos provocado, entre la ropa a jirones y los cristales de una vida resumida en pedazos de esperanza y breves momentos de seguridad y aunque no vemos más allá de la sombra que dejamos al caminar bajo el sol de media tarde, llega quien te baja las revoluciones y te dice que no todo tiene porqué ser así.
Que el cine y algún que otro verso de Benedetti son los culpables de nuestras más que altas expectativas pero también de las más bajas. Aquella persona capaz de organizar el caos en sólo una décima de segundo, y de desatar ciclones sin despeinarse. Tu clavo ardiendo pero eso sí, el que no quema.
Llega. Lo sé porque lo he visto con mis propios ojos. Lo se porque lo he tenido pero sobre todo porque lo he perdido. Y sí, hay que estar muy atento, centrar todos los sentidos en una misma dirección para poder agarrarte con todas tus fuerzas, demostrarle que dejarte ir sería un error, demostrarte que puedes seguir dando a pesar de no tener más que piezas sueltas de un pasado poco convencional.Porque el mayor desastre no es jugarte hasta las emociones en una sola mano. El mayor error es correr en dirección contraria al tiempo. El mayor error es rendirte, rendirle porque, al final, somos lo que hacemos con las personas a las que queremos.
B
La base de toda esa amalgama sin sentido, de esos hielos derretidos o los quizás, los mañanas y los olvidos, era la evidencia de que todo lo que nos rodea, incluso aquello que rechazamos, ha sido atraído por nosotros en algún momento. La distancia que existe entre dos puntos, digamos noche y día, digamos x e y, digamos tu y yo, es inversamente proporcional a la atracción entre ambos.
Unos lo llaman ley de la atracción, sin embargo, a mi me gusta pensar que es algo más parecido al principio de acción reacción, lo que significa que todas las cosas que hacemos tienen unas consecuencias que puede que hasta nosotros mismos seamos incapaces de asumir. - ¿Eres tu causa o efecto de mi insomnio?-¿Tenemos porque queremos o queremos porque tenemos?
La experiencia me dice que nos vamos a equivocar muchas más veces de las que deberíamos en cuanto a qué y a quién atraer hacia nuestro campo de acción y, puesto que me atrevería a decir que nuestra naturaleza está diseñada para percibir el peligro a una distancia considerable, sería falso siquiera pensar que no sabemos a qué nos exponemos cuando vemos al enemigo acercarse o, peor aún, cuando le abrimos la puerta de nuestra casa.
No existen advertencias que puedan frenar una descarga emocional tan intensa como la que provoca la imaginación haciendo de las suyas. Los carteles de ''Prohibido el paso'' son sin duda el aliciente necesario para seguir jugando con las brasas, ejerciendo la voluntad débil de la raza humana. Y es que al final es a eso a lo que hemos venido, a jugar.
Esos instantes en los que se negocian besos y contratos, donde las promesas se venden al por mayor, son lo más parecido a lo que hasta el momento, y falsamente, entendemos por felicidad. Nada de lo que digan o hagan aquellos que nos rodean (que sin duda saben que la ciclogénesis explosiva no es sólo un término aplicable a la meteorología) podría hacernos cambiar de opinión. Y lo que sí se con seguridad es que las oportunidades marcan nuestra vida, incluso las que dejamos pasar. Porque entre medias de ese caos que nosotros mismos hemos provocado, entre la ropa a jirones y los cristales de una vida resumida en pedazos de esperanza y breves momentos de seguridad y aunque no vemos más allá de la sombra que dejamos al caminar bajo el sol de media tarde, llega quien te baja las revoluciones y te dice que no todo tiene porqué ser así.
Que el cine y algún que otro verso de Benedetti son los culpables de nuestras más que altas expectativas pero también de las más bajas. Aquella persona capaz de organizar el caos en sólo una décima de segundo, y de desatar ciclones sin despeinarse. Tu clavo ardiendo pero eso sí, el que no quema.
Llega. Lo sé porque lo he visto con mis propios ojos. Lo se porque lo he tenido pero sobre todo porque lo he perdido. Y sí, hay que estar muy atento, centrar todos los sentidos en una misma dirección para poder agarrarte con todas tus fuerzas, demostrarle que dejarte ir sería un error, demostrarte que puedes seguir dando a pesar de no tener más que piezas sueltas de un pasado poco convencional.Porque el mayor desastre no es jugarte hasta las emociones en una sola mano. El mayor error es correr en dirección contraria al tiempo. El mayor error es rendirte, rendirle porque, al final, somos lo que hacemos con las personas a las que queremos.B
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