JUNIO
Junio.
Que bonito nombre tienes. Siempre te propones ponerme a prueba y siempre lo consigues. Me da vértigo cuando escucho tus pasos. Son pasos que anuncian cambios. Cambios que asustan pero que atraen. Sentémonos tranquilamente a tomar algo, robémosle los últimos rayos de sol a la tarde. Negociemos. Por el rabillo del ojo puedo ver que me observas. Se que sigues la linea que dibuja mi mano al tocarme el pelo. Y no es que me sienta incómoda en tu presencia, pero consigues estimular ciertas conexiones interiores que hace tiempo dormían. Y, como tú estás demasiado distraído observando como el viento pacta con mi camisa, yo también te observo. De hecho, la que ha venido a pactar hoy soy yo. Traes contigo sensaciones que justifican por qué a mis ojos se le traban las palabras...
Nadie te habrá contado que a veces mis ojos hablan por mi. De hecho, aunque tu aún no lo sepas, estamos teniendo una charla en silencio. Empiezo diciéndote que, aunque siempre será mía, me gusta compartir Madrid contigo. Me gusta perderme en ella, mientras te miro. Me gusta mirarte mientras escuchas con esa curiosidad intrínseca todo lo que te cuento y,por supuesto, me gusta contarte lo que no le contaría a nadie más, sin decir ni una sola palabra. Contarte por ejemplo que, ahora que el camino se pierde en la línea del horizonte, tengo miedo de que las cosas se compliquen y las circunstancias me sobrepasen. Y no es que no confíe en mi misma, es más bien que al final del día todos necesitamos que alguien no sostenga la mano cuando atravesamos turbulencias. Y es que en los últimos meses la principal protagonista de esta comedia tan trágica ha sido la calma, eterna portadora de tormenta. Tormenta inminente ( algo parecido a lo que pasa cuando rozas mi espalda con tu mano). Siempre he sido reacia a los cambios, y todos los recuerdos que traes contigo cada vez que vienes a verme no ayudan mucho. Muchas veces nos aferramos a ellos, hasta el punto de pensar que son parte de nuestro presente cuando en realidad le pertenecen al pasado. Con tu llegada, ha comenzado el proceso de selección de aquellas realidades que me acompañarán en este nuevo camino. Y se que es improcedente invertir estos minutos de nuestro encuentro eligiendo aquellas cosas que, de no portar conmigo, serán objeto de mi pensamiento. Y en este loco devenir, me he perdido esa media sonrisa que se ha dibujado en tus labios. Inocente. Cálida. Tierna. Y tan tuya. Aunque tú aún no lo sabes, te desespera y te enamora ( en igualdad de condiciones) que me enrosque con una idea, haciendo que esta pierda todo el sentido. Me miras así, a medias, con el descaro del que sabe que los pensamientos de la persona que tiene enfrente le pertenecen. Te encanta la idea de que mis mejillas cada vez se parezcan más al color de mi pintalabios. Y a mi me encanta ese aire despistado que te caracteriza, dandole movimiento a las calles de lo que considero el único lugar en el mundo que es totalmente mío....
Como te decía unas líneas más arriba, me asusta la idea de perderme por el camino casi tanto como cuando te veo perderte entre la gente en dirección opuesta a mi posición. Mi yo de dentro de unos años me dirá que siempre has estado ahí y has conocido mi peor versión. Si, esa versión de la que hablo incluye mis discusiones con la cafetera recién levantada o mis trescientas preguntas sobre como acabará esa película que estamos viendo y tu ya has visto. Llegado ese momento, se verá que no tengo paciencia y que no la desarrollaré con el tiempo. Y si, me asusta la idea de que nadie más consiga dejarme sin palabras, de esa manera tan extravagante que tienes de hacer todo y que te define como genuino. No se como será el camino que me toca seguir ahora, lo que supongo es que, haré un balance global de nuestra conversación y trataré de acordarme del nombre de esa sensación que experimenté la primera vez que nos perdimos por estas calles, hablando sin palabras. Teniendo conversaciones mudas. Aún con la sensación del tacto de tu mano bajando por mi espalda y con el café a medias. Se que pensaré que fue la mejor sensación del mundo y que, a pesar de lo maravilloso que fue el camino, la estaré echando de menos tanto como el hecho de que te distraigas con la línea que dibuja mi mano al tocarme el pelo. Pero por hoy, basta de pretender que estas sensaciones nos pertenecen. No son tuyas. Tampoco son mías. Están en la limbo espacio-temporal que separa nuestras vidas desde este momento en el que empiezo a dar los primeros pasos. Por el momento ( y aún en silencio), te diré que este balance es positivo. Creo que valió la pena el esfuerzo.Y, afinando un poco más, creo que sigue caminando a mi lado. Creo que me llena casi tanto como el sonido de tus palabras mudas.
Creo que se llama felicidad
B
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