Recapitulando

Cuando el mes de mayo es un hecho, explota la bomba de relojería que llevamos construyendo desaforadamente los últimos 9 meses. La temperatura sube como preaviso de un verano que parece nunca llegaría.Empieza la época de los retos.
Pienso en todas las cosas que haría si el día tuviese más de 24 horas o simplemente si pudiese desenchufar el cerebro más de dos minutos seguidos, cosa que parece poco probable. Verano, ven ya y trae contigo esas intoxicaciones de brisa marina a pie de playa. Si hay algo que he echado de menos es ese paradisiaco clímax llamado estrés ocioso, tan poco valorado cuando se tiene entre manos.
Que placer tan visceral es aquel de tener tiempo para aburrirse.Si es cierto que echaré de menos todas las cosas que me he perdido en el huracán que resume nuestro día a día aunque nunca haya tenido conocimiento de su existencia. Siempre con el tiempo persiguiéndonos a todas partes, siempre corriendo. Siempre. Da igual que esperes durante 20 minutos sentado en el andén a que llegue el tren que te llevará directo a tu cárcel diaria porque nunca ves absolutamente nada. Miras, e incluso puede que oigas los pasos de la gente que sube en manada por las escaleras mecánicas con un café en una mano y el movil en la otra, pero jamás escuchas ni una sola palabra que haga que te replantees si realmente eres tan feliz o tan desgraciado como crees. Y la culpa no es más que nuestra, pues estamos absortos en el cúmulo de cosas en el que parece que se nos va la vida, sin pensar que precisamente ese es el motivo de que se nos vaya.
Siempre he oído decir que aquel que mucho abarca, poco aprieta, y esa es la realidad que define nuestra vida.¿Realmente disfrutamos de cada pequeño momento del que disponemos?Rotundamente no, pues si mientras desayunas piensas en el trabajo, mientras trabajas en las vacaciones, y de vacaciones en el trabajo, realmente no estás nunca donde tienes que estar.
Siempre he creído que el verano es un período de mudanza, donde pones en la balanza todos los momentos que han ido construyendo el camino que iniciamos en septiembre. ¿He cumplido todos mis propósitos?¿Me he superado a mi mismo?¿He conseguido satisfacer todas mis expectativas?.Lo cierto es que eso es más utópico que cierto. En mi caso,no he conseguido madrugar ningún fin de semana, ni tampoco levantarme de mejor humor por las mañanas. Sigo metiendo la taza vacía en el microondas y me frustra de sobremanera cuando mi padre me reclama el no saber aceptar las críticas.Mi cabeza sigue yendo más deprisa que mis pies y pocas veces voy a aceptar el hecho de que hay veces que el primer paso para dejar las cosas marchar, es aceptar cuánto las echas de menos.
Con todas y con eso, el sol sigue saliendo por el mismo lugar y los días teniendo 24 horas. Las cosas siguen tan iguales como hace nueve meses;tan diferentes. Las personas que siempre están siguen estando, y las que estaban de paso ya se han ido.
Sigo desayunando locura,comiendo delirio, cenando esperanza.Sigo negociando minutos con el despertador,horas con el día y días con los meses.


Nueve meses para alimentar el tornado que irá amainando entre las puestas de sol de verano.Nueve meses de derrumbamientos y reconstrucciones.Nueve meses en los que recuperas la persona que solías ser o la pierdes por completo...

B











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