Caída libre





Miedo. Existen mil y una formas en las que este puede manifestarse, pero al final siempre lo hace. Miedo al fracaso. Miedo al amor. Miedo a uno mismo. La cuestión es que por mucho que corras, por mucho que trates de evitarlo, este siempre acaba alcanzándote y, cuando lo hace, no hay salida posible.
Lo más complicado es reconocer que lo tenemos, que esta ahí. Que nos embriaga. No queremos estrellarnos, no queremos sufrir, bloqueamos todo aquello que nos hace daño creyéndonos que así estamos menos expuestos al dolor. Craso error. Tenemos que aceptar que, tarde o temprano, nos harán daño y también lo haremos.
El dolor es algo que todo ser humano debe experimentar, pues es lo que, de alguna manera cínica, hace que sepamos apreciar la ausencia del mismo, el bienestar, el equilibrio, la paz interior.
Todos y cada uno de los sentimientos que conforman nuestro ''yo'' pasado, presente y futuro van de la mano con el dolor;no existe uno sin el otro. Y la realidad es que todos somos vulnerables, pero ¿a qué?Depende.
Una de esas noches en las que caminaba por las calles de la capital, completamente en silencio, intentando no pisar los trozos de corazón que se me iban cayendo del bolsillo, el móvil se iluminó. Ahí estaba él, el incondicional, el que nunca falla. El que sabe qué decir, nunca cómo (pues no es precisamente políticamente correcto) pero si cuándo.El que este año, y seguramente sin saberlo, recoge lágrima por lágrima todas las que mis ojos no pueden encerrar. Tenía por testigo a las estrellas, que curiosas, me preguntaban cuál era el motivo de que el marrón de los ojos hubiese sido sustituido por una tristeza enfermiza.''¿Que te pasa, por qué privas al mundo de tu alegría?''- fueron sus primeras palabras.Es difícil de entender pero, créeme, aún lo es más de explicar.''No quiero ser vulnerable, nunca más. No quiero sentir si sentir significa sufrir. No quiero. Me han hecho daño, y creo que será la última vez que deje que eso ocurra. ¿Por qué nunca me avisaste de que esta vida es tan jodida a veces?''.
''Cometes un error al decir eso, pues lo que te está pasando es maravilloso''- dijo él.
No podía entenderlo, y cuanto más me repetía lo afortunada que era, más me enfadaba. Insensible le dije. ''Eres un cretino. Todos somos, en algún momento de nuestra vida, vulnerables.TU el primero, así que deja de actuar como si yo fuese idiota y tú me estuvieses perdonando la vida''.
 Y para no variar, volvió a dar la vuelta a mis pensamientos e hizo de ese camino a casa una lección, un punto más al entramado que voy tejiendo, con bastante dificultad, cada día. ''Tienes razón amiga. Soy vulnerable. Pero no soy vulnerable a la gente en sí''...-respondió ''Soy vulnerable a las miradas penetrantes que cuentan mil historias, historias de dolor, de fracaso, pero de esperanza. Vulnerable a esa esperanza en los ojos de la gente, esperanza de ser feliz, sin ningún contrato ni reproche, sólo porque sí, porque toca, porque ya está bien de perder. A esos momentos lo confieso, soy vulnerable. Y estoy jodidamente colgado y abierto a la gente vulnerable, libre y que no tiene miedo a hacerse daño. A esa gente, soy vulnerable''.
Supongo que ahí fue cuando entendí que la única actitud justa a adoptar ante las explosiones emocionales a destiempo es el agradecimiento. Agradecimiento por estar vivo. Por poder llorar cuando te hacen daño. Por sentir decepción cuando un amigo con el que creías poder contar te falla. Miedo de la soledad. Angustia cuando alguien pone límites a tu persona. Frustración cuando las cosas salen de la manera contraria a como deberían.Por poder sentir el dolor en partes de tu cara que ni sabías que existían cuando te hacen reír durante toda una noche...
Sí, tal vez somos vulnerables y me alegre de serlo, y tal vez nos expongamos demasiado y pensemos poco o nada las cosas que decimos. Puede que el don de la oportunidad no se hiciese para nosotros y tal vez expresemos con 70 palabras lo que se puede decir con dos y nos rebotemos de repente y sin ningún motivo aparente, pero la realidad es que estamos mucho más cerca de encontrar lo que buscamos que todos aquellos para los que llorar significa fallar y sentir una pérdida de tiempo.Y sí, tengo miedo a fallar, tengo miedo a intentarlo, y tengo miedo de que me vuelvan a hacer daño, como antes lo hicieron, pero estoy en uno de esos puntos en los que me apetece abrir el paracaídas a 5 mm del suelo, porque prefiero sentir dolor que nada en absoluto.
Y si eso es inaceptable, si no tiene sentido, si las consecuencias van a ser terribles, si estamos locos, nos seguimos teniendo el uno al otro, así que no hay problema. Recuerda que soy tu Robin Scherbatsky, my friend.

B

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