Corazón a subasta
Complicaciones. Más complicaciones. Subidas y bajadas. Algunos desastres. Risas, lágrimas, resacas.
Pocas cosas en esta vida son más sencillas y a la vez más complicadas que uno mismo.
Nunca sabes realmente lo que quieres, lo que sabes es que lo quieres aquí y ahora.Te expones continuamente a ser foco de las críticas,y de hecho lo eres.Ahora bien, si hay algo en lo que creo por encima de todo es en la autenticidad. Me vuelve loca la gente que no piensa lo que dice, aunque eso sea a su vez causa de muchas de las lágrimas que se van liberando por aquí y por allá. Pero no son lágrimas regaladas.Nunca lo son. Me enamora la gente que se embarra una y otra vez por ser fiel a lo que le pide su cuerpo, que siempre es lo contrario a lo que demanda la cabeza. La que volvería a hacerlo si fuese necesario.
Recuerdo una conversación con Gonzalo en la que, como siempre, además de arreglar un poco el mundo y vaciar un par de barriles, discutíamos sobre lo que ,bajo mi punto de vista ,rige las relaciones humanas: la química. La química es causa y a la vez solución de todos nuestros problemas con los demás. La química te quema, te refresca, te hunde, te eleva. La química te destroza y recoge los pedazos que has ido perdiendo por el camino para reconstruirte, aunque nunca de la misma manera.
Química. O la hay o no, y si hay algo que se es que cuando la hay,estás completamente perdido.
Es la esencia de todo lo que hacemos y saca lo peor y a la vez lo mejor de nosotros mismos.
Si tuviera que definirlo, diría que es una explosión que supera con creces el bombardeo de Hiroshima.Nada iguala la olla exprés que somos cuando estamos dentro del campo de acción de la misma. Nos volvemos locos, nos intoxica.Nos contamina.Siempre sabemos que está ahí, y podemos hacer tres cosas: ignorarla, negarla o rendirnos a ella.
Podría decir que no me gusta, que prefiero la tranquilidad o la estabilidad, pero estaría mintiendo.Me destroza ignorarla, me anula negarla, me asusta aceptarla.Y si, a veces es necesario mentir para evitar males mayores, pero la realidad es que donde hay llama, alguien tiene que acabar quemándose las manos. Ahí es cuando tenemos que decidir si estamos dispuestos a correr el riesgo, porque el camino no es precisamente el más fácil y con seguridad, tendrás que llevarte a mucha gente por delante.
Es la eterna sensación de que estás en boxes esperando para pisar el acelerador hasta el fondo y salir disparado, así sea contra una pared.Y si, nos encontramos frente a frente con un muro bastante difícil de saltar. Podríamos hacerlo, pero eso requiere mucha más paciencia y trabajo del que estamos dispuestos a soportar. No es fácil, y seguramente las cosas se pongan peor de lo que ya estaban. Nos volveremos locos (más) y puedo decir con un 99% de seguridad que 26 horas al día nos preguntaremos que cuántas cervezas llevábamos encima cuando tomamos esa decisión...pero ¡por Dios!, seremos puro éxtasis,porque de eso se trata, de alimentar el caos que, como se suele decir, eleva lo cotidiano al nivel de extraordinario.
La verdad es que sólo con escuchar la palabra ''adrenalina'' la frecuencia cardiaca se me dispara. Si hay dos maneras de hacer las cosas, yo escojo subir a machete antes que dar un rodeo. Llámame loca, pero si las cosas fuesen fáciles se irían tan rápido como llegan. Escojo caminar sobre el filo de la navaja, entrar en el metro cuando las puertas se están cerrando, salir de casa con el tiempo pegado a los talones y llevar el depósito en reserva. Si no juegas, no ganas y si lo haces, que sea con fuego. Quemémonos, pero hasta el fondo.Elijamos pedir perdón a permiso, pues sólo aquellos que están locos por vivir, por saltar y por arriesgarlo todo en una mano son libres de si mismos...y es que no existen límites, sólo personas demasiado cuerdas.
Después de tantas idas y venidas (y de descubrir que es posible cambiar un ''si'' por un ''no'' unas cuarenta veces en 30 segundos), me quedo con lo último que me dijiste,amigo mío, cuando apurábamos la última cerveza, una de tantas y tantas con las que, si nosotros queremos, podemos convencer a cualquiera de que se equivoca al decir que la capital de Francia es París: ''El amor no vale, no es lícito, si no es con hostia previa a beso''.
Como siempre, cuánta razón tienes.
B
Pocas cosas en esta vida son más sencillas y a la vez más complicadas que uno mismo.
Nunca sabes realmente lo que quieres, lo que sabes es que lo quieres aquí y ahora.Te expones continuamente a ser foco de las críticas,y de hecho lo eres.Ahora bien, si hay algo en lo que creo por encima de todo es en la autenticidad. Me vuelve loca la gente que no piensa lo que dice, aunque eso sea a su vez causa de muchas de las lágrimas que se van liberando por aquí y por allá. Pero no son lágrimas regaladas.Nunca lo son. Me enamora la gente que se embarra una y otra vez por ser fiel a lo que le pide su cuerpo, que siempre es lo contrario a lo que demanda la cabeza. La que volvería a hacerlo si fuese necesario.
Recuerdo una conversación con Gonzalo en la que, como siempre, además de arreglar un poco el mundo y vaciar un par de barriles, discutíamos sobre lo que ,bajo mi punto de vista ,rige las relaciones humanas: la química. La química es causa y a la vez solución de todos nuestros problemas con los demás. La química te quema, te refresca, te hunde, te eleva. La química te destroza y recoge los pedazos que has ido perdiendo por el camino para reconstruirte, aunque nunca de la misma manera.
Química. O la hay o no, y si hay algo que se es que cuando la hay,estás completamente perdido.
Es la esencia de todo lo que hacemos y saca lo peor y a la vez lo mejor de nosotros mismos.
Si tuviera que definirlo, diría que es una explosión que supera con creces el bombardeo de Hiroshima.Nada iguala la olla exprés que somos cuando estamos dentro del campo de acción de la misma. Nos volvemos locos, nos intoxica.Nos contamina.Siempre sabemos que está ahí, y podemos hacer tres cosas: ignorarla, negarla o rendirnos a ella.
Podría decir que no me gusta, que prefiero la tranquilidad o la estabilidad, pero estaría mintiendo.Me destroza ignorarla, me anula negarla, me asusta aceptarla.Y si, a veces es necesario mentir para evitar males mayores, pero la realidad es que donde hay llama, alguien tiene que acabar quemándose las manos. Ahí es cuando tenemos que decidir si estamos dispuestos a correr el riesgo, porque el camino no es precisamente el más fácil y con seguridad, tendrás que llevarte a mucha gente por delante.
Es la eterna sensación de que estás en boxes esperando para pisar el acelerador hasta el fondo y salir disparado, así sea contra una pared.Y si, nos encontramos frente a frente con un muro bastante difícil de saltar. Podríamos hacerlo, pero eso requiere mucha más paciencia y trabajo del que estamos dispuestos a soportar. No es fácil, y seguramente las cosas se pongan peor de lo que ya estaban. Nos volveremos locos (más) y puedo decir con un 99% de seguridad que 26 horas al día nos preguntaremos que cuántas cervezas llevábamos encima cuando tomamos esa decisión...pero ¡por Dios!, seremos puro éxtasis,porque de eso se trata, de alimentar el caos que, como se suele decir, eleva lo cotidiano al nivel de extraordinario.
La verdad es que sólo con escuchar la palabra ''adrenalina'' la frecuencia cardiaca se me dispara. Si hay dos maneras de hacer las cosas, yo escojo subir a machete antes que dar un rodeo. Llámame loca, pero si las cosas fuesen fáciles se irían tan rápido como llegan. Escojo caminar sobre el filo de la navaja, entrar en el metro cuando las puertas se están cerrando, salir de casa con el tiempo pegado a los talones y llevar el depósito en reserva. Si no juegas, no ganas y si lo haces, que sea con fuego. Quemémonos, pero hasta el fondo.Elijamos pedir perdón a permiso, pues sólo aquellos que están locos por vivir, por saltar y por arriesgarlo todo en una mano son libres de si mismos...y es que no existen límites, sólo personas demasiado cuerdas.
Después de tantas idas y venidas (y de descubrir que es posible cambiar un ''si'' por un ''no'' unas cuarenta veces en 30 segundos), me quedo con lo último que me dijiste,amigo mío, cuando apurábamos la última cerveza, una de tantas y tantas con las que, si nosotros queremos, podemos convencer a cualquiera de que se equivoca al decir que la capital de Francia es París: ''El amor no vale, no es lícito, si no es con hostia previa a beso''.
Como siempre, cuánta razón tienes.
B

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