Palabras necias, oídos no tan sordos
Existen pocas cosas en el mundo más caras que las palabras. Palabras, palabras y más palabras. Bien dichas, mal expresadas, tergiversadas;necesarias, innecesarias,escasas, sobrantes. Maravillosas, hirientes,predecibles;dueñas y a la vez esclavas de los que las pronuncian, sobretodo cuando carecen de fundamento.No sabemos la repercusión que tienen en otras personas, e incluso en nosotros mismos, todas aquellas cosas que decimos sin pensar y, sí, debería importarnos dañar a los demás, porque puede que mañana sea de nosotros de quien estemos hablando.
Podemos elegir entre cerrarnos en banda al mundo y rechazar el contacto con lo desconocido, evitando así exponernos a ser el foco de las críticas, o dar un paso adelante con los ojos vendados y confiar,por mucho que asuste la idea de salir escaldado,por mucho que sepamos con seguridad que,las intenciones de la gente que se cruza en nuestro camino, no tienen por que ser tan limpias como las nuestras.
Confianza.Me asusto sólo de oír pronunciar esa palabra.Tardamos años en alcanzarla y basta una sílaba para destruirla.En más ocasiones de las que merecemos ''confianza''y ''seguridad'' son sustituidas por ''ira'', ''tristeza,''','' dolor'', ''rencor''. Es una sensación que conozco bastante bien. Te sientes engañado por haber confiado de más en gente que, a pesar de las habladurías y los puntos en contra, pensabas que podía cambiar. Decides no escuchar a nadie,optar por el salto al vacío y las oportunidades, pues ¿quién no se merece una?Y después de las horas dedicadas, del esfuerzo y la empatía, viene el batacazo. Este es el momento en el que tendremos que recordar, más que nunca, que el rencor solo daña al que lo siente. Hagamos lo que hagamos, la gente hablará de más y no necesariamente ciñéndose a la realidad y sus palabras puede que dejen en nosotros una herida más profunda de lo que puede verse desde la superficie, pero abandonar no es una opción.
Una de mis ''preguntas sin respuesta'' particulares, a la que me enfrento más a menudo en este tipo de situaciones, es por qué alguien a quien hemos dado un voto de confianza y a quien jamás seríamos capaces de herir conscientemente, busca dañarnos o por lo menos no vacila antes de difamarnos, aún no teniendo necesidad de ello, aún sabiendo que tan sólo dos segundos pueden traducirse en muchas horas de sufrimiento, y la verdad es que,todavía hoy, tras muchas experiencias negativas y aún más ilusiones frustradas,no encuentro respuesta a esta pregunta. Lejos de descubrirlo,siempre me quedará la tranquilidad de saber que, si los que hablan mal de mi supieran exactamente lo que pienso yo de ellos, hablarían aún peor...
B
Podemos elegir entre cerrarnos en banda al mundo y rechazar el contacto con lo desconocido, evitando así exponernos a ser el foco de las críticas, o dar un paso adelante con los ojos vendados y confiar,por mucho que asuste la idea de salir escaldado,por mucho que sepamos con seguridad que,las intenciones de la gente que se cruza en nuestro camino, no tienen por que ser tan limpias como las nuestras.
Confianza.Me asusto sólo de oír pronunciar esa palabra.Tardamos años en alcanzarla y basta una sílaba para destruirla.En más ocasiones de las que merecemos ''confianza''y ''seguridad'' son sustituidas por ''ira'', ''tristeza,''','' dolor'', ''rencor''. Es una sensación que conozco bastante bien. Te sientes engañado por haber confiado de más en gente que, a pesar de las habladurías y los puntos en contra, pensabas que podía cambiar. Decides no escuchar a nadie,optar por el salto al vacío y las oportunidades, pues ¿quién no se merece una?Y después de las horas dedicadas, del esfuerzo y la empatía, viene el batacazo. Este es el momento en el que tendremos que recordar, más que nunca, que el rencor solo daña al que lo siente. Hagamos lo que hagamos, la gente hablará de más y no necesariamente ciñéndose a la realidad y sus palabras puede que dejen en nosotros una herida más profunda de lo que puede verse desde la superficie, pero abandonar no es una opción.
Una de mis ''preguntas sin respuesta'' particulares, a la que me enfrento más a menudo en este tipo de situaciones, es por qué alguien a quien hemos dado un voto de confianza y a quien jamás seríamos capaces de herir conscientemente, busca dañarnos o por lo menos no vacila antes de difamarnos, aún no teniendo necesidad de ello, aún sabiendo que tan sólo dos segundos pueden traducirse en muchas horas de sufrimiento, y la verdad es que,todavía hoy, tras muchas experiencias negativas y aún más ilusiones frustradas,no encuentro respuesta a esta pregunta. Lejos de descubrirlo,siempre me quedará la tranquilidad de saber que, si los que hablan mal de mi supieran exactamente lo que pienso yo de ellos, hablarían aún peor...
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