I will wait for you

Duelo. Proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida.
Podemos enfocarlo desde muchos puntos de vista: físico, emocional, filosófico... pero lo cierto es que vivimos en constante duelo, pues nada en esta vida es absoluto, nada es estático y nada perdura para siempre.Algunos de los cambios que experimentamos los vemos venir, otros los simplemente los ignoramos, pero sin duda, los que más me preocupan son aquellos que no somos capaces de anticipar, pues son la onda expansiva que hace que nuestro centro de gravedad se tambalee. Nos hacen sentirnos eléctricos.
Aun en el caos que caracteriza esta rutina tan metódica me permito el lujo de regatearle unos minutos al día, para negociar cual será el próximo movimiento o simplemente rendirle cuentas de por qué he estado menos entregada a mi vida de lo habitual (y es que ya ni el café es suficiente para separarme de unas sábanas que me absorben hasta casi desaparecer).
Nos guste o no, la vida en sí es un drama. Es difícil aceptar que alguien en quien creíamos desaparece sin preaviso. Nos negamos a aceptar que las cosas han cambiado o, incluso, que hace mucho tiempo que lo hicieron. Negamos a quien nos rodea e incluso nos negamos a nosotros mismos.
Es una sensación extraña, como si el suelo sobre el que pisamos se desvaneciese.Ardemos en llamas. Nada puede disipar ese sentimiento de ira que pelea, en igualdad de condiciones, con el de una profunda, pero no por ello desconocida, decepción.
Necesitamos un culpable y lo necesitamos ahora. Necesitamos un punto hacia el que dirigir nuestras frustraciones, que en la mayoría de los casos son producto de nuestros fantasmas pasados y sustento de nuestra desconfianza futura.
Necesitamos estar preparados para negociar, a cualquier precio, la solución que nos devuelva a ese estado de latencia en el que, la inhibición de nuestros puntos flacos nos permite experimentar ,de manera algo utópica ,las vibraciones que percibimos cuando las cosas van bien.
Y la verdad es que la utopía, al fin y al cabo, no es más que eso y dura tanto como queramos nosotros que dure. Todo lo que nos concierne, de manera directa o indirecta, está en nuestras manos y, si nos cerramos al futuro, nos cerramos automáticamente a la felicidad y a todo lo que esta trae consigo cada vez que llama a nuestra puerta.
Alguien dijo alguna vez que, a pesar de que algunos muros son demasiado peligrosos para saltarlos, si por fin decides hacerlo, lo que aguarda al otro lado es sin duda excepcional.Tomar la decisión de saltarlos o no, depende de nosotros y es lo que de alguna manera, haciendo un balance final, marcará la diferencia entre conformarse con una vida mediocre o no hacerlo.
No se si lo que nos asusta es perder esa sensación de falso control o simplemente el hecho de tener que cambiar de objetivo. Y no es fácil (nunca lo ha sido) pero si no dejamos que nadie nos rescate de nosotros mismos, nadie lo hará.Si no dejamos que nadie nos busque, nadie nos encontrará. Si no dejamos que nadie se aferre a nosotros, no seremos de nadie, nisiquiera del aire...
 Y es que, aún a riesgo de volver a exponernos a un sol que quema demasiado, lo que muchas veces necesitamos es que alguien invada nuestro espacio vital pues, quién sabe, aunque ese alguien no forme parte de tu pasado, siempre puede ser tu futuro.

B


I will wait- Mumford and Sons


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