Distancias que acercan










Tiempo. Concepto que en términos absolutos es altamente relativo. Cuanto más despacio queremos que pase, más se nos escapa entre los dedos.
Podría decir que 6 meses alejada del confort y las estrecheces que componen esta caótica vida son suficientes para resetear la maraña de sentimientos que olvidé facturar , pero la verdad es que no estaría diciendo toda la verdad. Al volver de ese parón ascético, todo y nada ha cambiado.... El invierno seco de la capital sigue teniendo el mismo efecto sobre mis manos. La lluvia me sigue emocionando y sin duda sigo sin soportar los atascos de Madrid en hora punta.

En uno de mis múltiples intentos por robarle al atardecer los últimos rayos de sol que tímidamente se cuelan entre las hojas de los árboles que aún las acogen (en brava pelea con el invierno) , aprovecho para ponerme de acuerdo con mi yo más oculto, aquel que sólo quiere salir cuando la situación no acompaña...quizás el que no es capaz de reconocer que hay veces que las situaciones nos abordan de las maneras más inesperadas. Ese yo que me bombardea con versos que se congelan entre pensamientos atormentados...versos que queman, versos que engañan. 
Café y desvelo. Bohemio de Calamaro estimulando cada uno de mis sentidos.¿En qué momento empezamos a querer a alguien? ¿Cuándo se puede decir que existe un vínculo que nos conecta con otra persona? Para la mentalidad simplista que impera en una sociedad algo perdida y cansada de sentir mal (que no poco), queremos en el momento que tenemos certeza de algo. Yo digo que es a la inversa. No hay nada más cierto que querer a alguien.

Mi yo atormentado, mi yo más poético, mi yo más humano me dice que empezamos a querer a alguien cuando provoca que, poco a poco ,las emociones que creíamos perdidas vayan despertando en nosotros, emociones que pueden partir de múltiples frentes: una conversación, una palabra, un beso, una caricia a destiempo...una sonrisa, una despedida, un encuentro...una decepción.... De alguna manera nuestras terminaciones nerviosas comienzan a despertar del letargo que las tenía anestesiadas, protegidas frente a las agresiones que nuestras actitudes, en calidad de humanas, han generado. Sencillamente volvemos a querer, si es que alguna vez hemos dejado de hacerlo...¿Querer?Aún a riesgo de fracasar estrepitosamente en su definición, para mí querer es el resultado de un compendio de momentos que, aún no habiendo sido materializados son de lejos mucho más importante que cualquier cosa que suceda.Las personas estamos compuestas por momentos, no somos más que eso. Y cuando tienen lugar esos años, minutos o incluso segundos en los que compartimos el aire que respiramos con quien es capaz de estabilizar los enlaces mas efímeros que mantienen nuestra materia viva en caótica armonía, simplemente lo sabemos. Sabemos que lo hemos encontrado. Sabemos que estamos queriendo y sobre todo sabemos de que manera lo hacemos.No importa lo lejos que nos vayamos ni el tiempo que invirtamos en bloquear las aferencias, porque si algo me ha enseñado el tiempo y con el la experiencia es que resulta imposible escapar de uno mismo. Somos lo que sentimos y actuamos en base a lo que somos, por lo que lo único que diferencia nuestro antes y nuestro después es que ahora sí que somos capaces de canalizar esa energía de tal manera que nos permita seguir adelante sin olvidar que a quién más tenemos que querer, en primera instancia, es a nosotros mismos. Supongo que eso es a lo que se le llama crecer. Y si, aunque sigue existiendo gente a la que le asusta que le quieran, rendirse no es una opción, pues todos de alguna manera (quizás un tanto macabra) , pedimos a gritos que alguien atraviese la barrera que delimita nuestro espacio vital del resto del mundo.

Los seres humanos si nos descuidamos y pese al egoísmo que tan arraigado tenemos en nuestro genoma, somos capaces de quedarnos secos de tanto querer. Somos capaces de engañar y anular nuestro yo más racional,incluso a la distancia...porque, paradójicamente, hay distancias que acercan así que, aunque ahora gracias al tiempo y la paciencia que este trae consigo camine sin buscarte, se que siempre he caminado para encontrarte.


B



Andrés Calamaro- Cuando no estás








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