Relatos sextimentales

Toda buena historia empieza con un juego de palabras , palabras que se atropellan entre sí, ebrias de locura. Bueno no se sí todas pero al menos las mejores, aquellas que son dignas de ser contadas.¿Quieres que te cuente una de esas que llaman a gritos al sinsentido? ¿ Quieres que cerremos los ojos bien fuerte para que así podamos vernos mejor? Pero eso sí, no los abras. Al menos todavía no... Espera un poco más, solo espérame un poco más...

''...Llevaba mucho tiempo esperando a que te sentases a mi lado para compartir contigo unos mates, lo que es una manera eufemística de decir que estaba esperando a que te sentases conmigo. Mi frecuencia cardiaca disparada, producto de la noche de verano a la par que de tu peligrosa cercanía. Creo, por un efímero instante, notar el ritmo de tu respiración. Creo, por un no tan efímero instante, estar respirándote. De hecho te estoy respirando. Y entonces, llega el momento de lanzarse al vacío. Hay que saltar sin pensar más de menos tres décimas de segundo, sin mirar hacia atrás pero mucho menos hacia delante, no vaya a ser que una vieja conocida llamada cordura se apodere del momento, de nuestro momento. Y no me preguntes como, aparecen esas que no han sido llamadas pero son bien recibidas: las palabras. Deciden salir de donde quiera que estuviesen escondidas. Es como un impacto súbito. Están en la cabeza, colisionando entre sí, ardiendo y devastando toda cordura que encuentran a su paso. Por fin han encontrado la salida que tanto tiempo llevaban buscando. Y eso se siente bien, la libertad es sin duda el mejor destino final (salvando la curva que dibujan tus labios al sonreír). Tu y yo no hemos nacido para ser prisioneros. Al menos no nuestras almas.
Es una catástrofe maravillosa. Por fin somos capaces de expresarnos con veracidad. Por fin se abre el telón y sale a la luz aquello que con nuestros actos no hemos dejado lo suficientemente claro. Somos libres aunque con ello nos estemos haciendo todavía más esclavos.

No voy a mentir, me gusta demasiado cuando dejamos que la cordura arda. Me gusta que las palabras fluyan. No siempre lo hacen, pero cuando lo hacen...en ese momento exacto empezamos a hacer magia, esa magia que tanto nos gusta. No se, tal vez en ese momento las palabras que creíamos impronunciables sirven, nos sirven. Y tú te tocas el pelo. Y yo pienso que soy/estoy loca ( ¿Cuál es la diferencia?) por no haber dejado de correr ni un solo segundo en dirección contraria a la que tú estás, parado y mirándome sin decirme absolutamente nada.

Supongo que tienes unas maneras inescrutables de atraerme hacia tí sin quererlo. Porque caminamos en sendas opuestas y porque aún así se con seguridad que tu eres lo que voy a encontrar al final de la mía. Porque el tiempo no va a hacer más que alejarnos para que puedas estar conmigo, para que así yo pueda dejar de correr y estar contigo. Porque no voy a dejar de saltar hacia otros brazos diferentes a los tuyos. Porque nunca me vas a volver a escuchar nada más de lo que ya has oído, ahora las palabras ya no son mi patrimonio. Tampoco el tuyo. Están en esa línea que nos separa y no deja de tirar de tí para que te quedes conmigo, de mí para que la próxima vez que te vea tocarte el pelo no te deje marchar. Porque no eres mío. Porque yo no soy tuya. O ya puestos, porque somos nuestros, demasiado nuestros, tanto que tu no puedes estar conmigo, tanto que yo no puedo estar contigo, tanto que me quedo aquí sentada y te dejo ir, en silencio y caminando despacio. Tal y como viniste en una noche de verano a sentarte junto a mí a tomar unos mates. Quizás la respuesta a esto sea que dejarte ir es la única manera de que vuelvas, de que vuelvas conmigo. O tal vez sea la mejor manera de que te sientes conmigo una noche de verano, compartamos unos mates y me digas todo aquello que yo ya te he dicho y prometí no volver a decir ( las promesas hay que cumplirlas, ya sabes).

Y quizás mientras tu hablas, pueda ser yo esta vez la que te toque el pelo, y me enrede contigo. Y que mi tacto, en un acto de rebeldía adolescente sea capaz de pedirte que esta vez te quedes conmigo. Y que miremos al frente, y dejemos que el sol se vaya tras nosotros. Y que entonces mi frecuencia cardíaca se dispare, pero sólo por tu peligrosa cercanía. Y comience a respirarte, y me lance al vacío, pero esta vez al de la curva que dibujan tus labios al sonreírme, porque aunque yo esté con los ojos cerrados mientras tú me cuentas una historia puedo ver que lo haces, que me estás sonriendo. Y que nuestras palabras no fluyan, que fluyamos nosotros. Que hagamos magia, esa magia que tanto nos gusta. Que yo este loca, absolutamente loca por tí. Loca y tan embriagada de la locura que tú tanto conoces que deje de correr en dirección contraria a donde tu estás parado, eso sí ahora con los ojos cerrados y diciéndome aquello que yo ya no te puedo decir mientras yo te toco el pelo. Que sigas eternamente atrayéndome hacia tí de esas maneras tan inescrutables que tienes y que tanto me gustan. Y que entonces, sólo entonces, te encuentre justo donde sabía que estarías, al final de mi senda. Que el tiempo, de tanto empeñarse en alejarnos, al final nos haya acabado haciendo saltar a los brazos del otro. Que estemos sextimentalmente resueltos y sigas sentado a mi lado tomando unos mates pero no por los mates en sí, pues no deja de ser una manera eufemística de decir que llevabas mucho tiempo esperando a que me siente contigo...''


.....Ahora ya puedes abrir los ojos, pues ya he terminado con esta historia cuyo comienzo fue un juego de palabras (recuerda que así es como empiezan aquellas que son dignas de ser contadas). Si quieres, puedes quedarte aquí sentado junto a mí viendo como el sol aparece frente a nosotros. Mañana será otro día y quizás si te quedas puedo volver a contarte una historia. Yo te voy a esperar un poco más, pero sólo un poco más, quizás y así haciendo un cálculo no excesivamente preciso, esta vida y un cuarto de la otra....


B
























Comentarios

Entradas populares de este blog

Feng Shui

Meglio tardi che mai

Sincericidios