No creas que...

No creas que no me he dado cuenta. No lo pienses ni por asomo.
Soy capaz de retratarte junto con todas las muecas que te hacen tan genuino sin tan siquiera abrir los ojos. Dame una tiza, algo de tiempo y verás. Disparas mi creatividad, estimulas mis letras.
No creas que no me he fijado en el hoyuelo que se forma en tu cara cuando sonríes o el aire despistado que pretendes proyectar cuando, en realidad, no se te escapa nada.
No creas que pasan desapercibidos tus ojos cuando se vuelcan en mí, ni tampoco mi extraña manera de hacer que ese ignorarte se convierta en lo menos fortuito del mundo.
No creas que no soy consciente de que tu corazón, cansado de latir y algo ajado por quien no lo supo cuidar, tal vez rindió demasiado pronto la batalla por el mío ni tampoco que es el único que sufre.
No creas que no duele cuando olvidas que, la mano que te agarró cuando más oscuro se tornó el camino, fue la misma que tú con tanta ligereza soltaste. Que mientras yo construía diques para tus lágrimas tú abrías las compuertas para dejar fluir las mías. Y en vista de como está la presa, parece que es época de inundaciones.
No creas que no te echaba de menos antes de conocerte, porque lo hacía y con fuerza. De alguna manera ese aire fresco que viene del norte es lo que nos empuja hacia delante o al menos nos impide retroceder. Yo no te he dejado volver sobre tus pasos y, aún con el vaso vacío de las cosas que no salieron adelante, jamás te dejaré hacerlo. Se que puedes llegar a ser excepcional cuando te hallas en armonía contigo mismo. Tal vez de una manera desconcertante, casi tanto como tú. Supongo que quien nos privó de esa faceta tan espectacular es la misma persona que hizo que el cielo se pusiera un poco más negro de lo que estamos dispuestos a tolerar...
No creas que no me avisaron acerca de tí, pues lo hicieron y con todo lujo de detalles. Pero que no, que me niego a verte a través de otra persona. Te veo yo/mi/me/conmigo misma y déjame decirte que no se si tengo la lente demasiado enfocada. Quizás, entre tanta incertidumbre que trajo consigo el momento extraño en el que me encontraba, eras lo más nítido en el campo visual. Yo nunca te ví borroso, pues de hecho tus sombras desde el principio me parecieron de lo más llamativas.
No creas que me voy a acercar cuando te vea por ahí o que te voy a saludar. Me voy a quedar quieta, ad/mirándote a lo lejos. Porque ¡Vaya si da gusto mirarte! Tanto que aún tiemblo cada vez que mi radar detecta esos ojos volcados de los que antes hablaba. Cuando te vea pasar por delante con ese aire despistado, voy a ponerme a pensar en la ligereza de tus líneas, algo perfectas para la maraña que te inunda estos días. Normalmente tanta reflexión se acompaña de un impacto precordial, viejo conocido mío, pues convengamos que aceleras mi ritmo basal. Puestos a vaciarnos por dentro, te diré que siempre quise que te quedaras conmigo, en pretérito perfecto y es probable que aún siga reclamando el presente del indicativo. Y es que cuando pones las cosas en perspectiva, todo merece la pena muy poco...las dudas, el miedo a exponernos demasiado. Ya se nos hace tarde para dejar asuntos pendientes en la recámara.
Y si por estas cosas de la vida o el destino decides marcharte, sólo me queda despedirme de ti y darte el mejor consejo que puedo regalarte y es que en esta vida, te quedes con quien te pida que te quedes. Con quien no te suelte. Y no sueltes tú tampoco que, a fin de cuentas, somos lo que hacemos con aquellos que nos importan.
Quédate con quien haga saltar tus plomos. Con quien dispare tus constantes. Que esas sensaciones son para siempre. Que no se venden al por mayor.
Demuestra. Más de más que de menos. Que no hay nostalgia peor que la de las medias tintas.
Quédate con quien te de siempre alegrías, que las penas...¡esas sí que vienen solas!
B
https://www.youtube.com/watch?v=vsNZKeZV_Tk
Comentarios
Publicar un comentario